Bo Burnham: Inside. Una obra de introspección y extrospección en tiempos de pandemia

Por suerte o por desgracia, la pandemia ha supuesto que la salud mental sea un tema recurrente en nuestro día a día. La ansiedad, el trauma, el síntoma, el trastorno, la ausencia y el duelo han estado presentes en nuestra cotidianidad desde principios de 2020 y parece que se quedarán un tiempo más entre nosotros. Para los creadores y artistas, ello ha sido notablemente lesivo. Por una parte, porque el no poder acceder a un público en vivo corrompe la razón de ser de un artista: el comunicarse, el crear comunión. Por otra, porque una situación de este tipo genera un ambiente hostil para la creatividad del artista, un ambiente que no todos pueden aprovechar. El compositor Aaron Copland, dentro de los debates y conferencias que se montaron en torno a la asociación Estadounidenses por la Libertad Intelectual (apoyada por la CIA debido a que esta organización, a pesar de ser de izquierdas, se oponía a la izquierda marxista), dejó esta reflexión, la cual nos vale para nuestro estado actual:

Últimamente he estado pensando que la Guerra Fría es casi peor para el arte que la auténtica, porque impregna la atmósfera de miedo y ansiedad. Un artista puede dar lo mejor de sí sólo en un entorno vital y saludable por la sencilla razón de que el acto mismo de la creación es un gesto afirmativo. Un artista combatiendo en una guerra por una causa que él cree justa tiene algo de afirmativo en lo que puede creer. El artista, si puede seguir vivo, puede crear arte. Pero arrójeselo a ese estado de ánimo de sospecha, inquina y temor que caracteriza a la Guerra Fría y no creerá nada.

Nuestra situación actual de pandemia, de temor y de sospecha, ha tenido un impacto notable en la creación artística, aunque sus efectos aún no sean del todo notables. Estos efectos, que se pueden ver en la poética, los argumentos o la estética, y que afectan en menor grado a las obras expresamente creadas para el Capital, pues su naturaleza es superficial y anestesiante, están llevando el postmodernismo a su estado más exacerbado. Es decir: al lirismo extremo (súpersubjetividad), a la hiperfragmentación del discurso (manía) y el eclecticismo estético. Al mismo tiempo, son precisamente el trauma, el temor, la sospecha y la ansiedad, junto con la exposición honesta de los propios desórdenes mentales, los temas con los que el arte reflexiona actualmente. E Inside, de Bo Burnham, es probablemente el mejor ejemplo de ello.

Inside, de dentro a fuera y de fuera a dentro

Bo Burnham es un cómico musical que, tras retirarse de los escenarios durante cinco años debido a que tenía ataques de pánico, decidió volver a actuar en público a principios de 2020. Su proceso de cura de la ansiedad, del que formaba parte volver a los escenarios, se vio truncado debido a la crisis sanitaria. En este contexto, Burnham crea Inside para Netflix, un show grabado y escrito por él mismo en la pequeña caseta de invitados de su casa.

Inside se nos vende como una comedia, y es esa expectativa la adecuada para enfrentarse a esta obra dramático-musical. Sin embargo, Inside es, en realidad, una tragicomedia en la que Bo Burnham nos expone su mundo interior y las consecuencias del confinamiento, donde lo cómico es un velo con el que se pretende cubrir su sufrimiento, su frustración y su proceso de duelo. Y digo cubrir, y no ocultar, porque aquello que se entrevé a través de un velo tiene más fuerza que lo que está manifiestamente mostrado. En realidad, hay un juego ambiguo en torno a la idea. Es decir, durante toda la cinta uno no tiene claro si lo que está viendo es un show cómico que, durante su producción, se ha convertido en una tragicomedia; o si, por el contrario, la idea primigenia de Inside era llegar a lo catártico. No obstante, el resultado, buscado o no, es uno de los retratos más fidedignos de lo que la pandemia ha supuesto para muchos, un: “me río por no llorar”.

Reírse por no llorar” es un término que puede ser negativo: cuando la máscara de la alegría genera un conflicto con la realidad interna y el mundo que te rodea. Vemos un ejemplo notable de ese conflicto en la ópera trágica de Pagliacci, de Leoncavallo, cuando Canio (el payaso) se dice a sí mismo: “Ríe payaso y todos te aplaudirán. Transforma en risas el sufrimiento y el llanto”, para después, en plena función, caer en la más profunda de las neurosis y asesinar a su esposa en el escenario. Bo Burnham también juega con este conflicto y en una de sus canciones dice: “¿De verdad estás bromeando en un momento como este?”. Sin embargo, la autoconciencia de Bo Burnham es lo que marca la diferencia, pues el discurso de Inside es: “te quiero hacer reír, pero yo quiero llorar y te lo voy a mostrar”. Es esa tristeza velada, pero mostrada, lo que hace que el show tenga tanta fuerza emocional.

Se hace alarde de la autoconciencia de una forma recurrente en el Inside de Bo Burnham. El uso del metalenguaje es la forma más evidente de autoconciencia: el propio Burnham nos pregunta qué nos está pareciendo el show, nos va indicando cuánto tiempo lleva haciéndolo o nos muestra cómo es el proceso de producción. Entra a colación en este punto el concepto: “romper la cuarta pared”, un concepto que se suele utilizar incorrectamente aplicado a todo uso del metalenguaje o la metalepsis, pero que en este caso es pertinente. El uso del metalenguaje en Inside está pensado para que realmente rompamos la “cuarta pared”-la de la pantalla- y nos introduzcamos dentro (inside) del show y de la habitación en la que se graba, la cual es, al mismo tiempo, un metáfora de la psique de Burnham. Da la sensación, especialmente hacia el final del show, de que el propio Burnham identifica a la cámara que graba con nosotros, rompiendo de un modo aún más interesante ese aislamiento extraño que genera el propio medio audiovisual. De igual modo, la autoconciencia se ve también en el propio contenido del show: Burnham muestra su propio proceso de introspección, abre su ser para que nosotros podamos entrar dentro de él, formar parte de su proceso. Un ejemplo interesante ocurre cuando se ve cómo Burnham limpia un cristal frente a la cámara. Además del propio metalenguaje icónico: el cristal es, en esencia, nuestra pantalla; es un forma de mostrar cómo él está limpiando su propia mirada y quitándose su máscara, a la inversa de lo que hace Canio en Pagliacci cuando pinta su cara de blanco para convertirse en Pierrot. Aunque esto parezca una sobreinterpretación, Burnham alude en un momento dado al trastorno de la desrealización, el cual se explica habitualmente con un individuo aislado del mundo por un cristal que no le deja ver la realidad. Aunque el show tenga innumerables detalles y críticas a la sociedad postmoderna -también como índice de autoconciencia y autoreflexión-, son estos momentos introspectivos, los de un artista derrotado que se aferra a su obra en busca de claridad, los que hacen de Inside una obra con un gran interés, que trasciende su contexto aprovechándose de él.

Y es que Inside no es sólo una obra que representa bien el confinamiento y el aislamiento a consecuencia de la pandemia, va un paso más allá al enseñarnos de un modo honesto lo que su creador siente, teme y sufre. El trasfondo psicológico de Bo Burnham: su ansiedad, su pánico escénico, su proceso resiliente, todo aquello que vivió en sus cinco años fuera del escenario; son el verdadero meollo del asunto. La pandemia es un contexto que a nosotros, como público, nos permite empatizar y simpatizar con ello, ver con más claridad las sutiles consecuencias que provoca el desorden mental y emocionarnos con lo que nos muestra.

Dentro del desorden

La psique de un artista es, por lo general, un lugar caótico, al menos la de la mayoría. Rara vez tenemos la oportunidad de acceder a ese caos y desorden, pues en la obra terminada -que es lo que nos llega- se intenta ofrecer una coherencia y una forma equilibrada que comunique la idea principal diligentemente. Lo más cercano a entrar en la psique de un artista es, por tanto, conocer su proceso creativo. Un proceso creativo es, en esencia, una mayeútica: un parto que consiste en preguntarse a uno mismo cruelmente con el propósito de conseguir una solución o una respuesta. Hay quien lo hace de una forma soportable y otros a los que le supone una auténtica tortura, pero todos se preguntan angustiados qué harán cuando el proceso de creación acabe y tengan que dedicarse a otra cosa; es decir, es en el proceso creativo donde se encuentran cómodos. Si bien esto es una generalización, es innegable que hay algo de realidad en ello. El acto creativo, además de un gesto afirmativo, como decía Copland, es una actividad audaz, pues se toman riesgos y se soportan las ambigüedades de lo interrogativo, lo nuevo y lo inacabado. En definitiva, el proceso creativo te sumerge en un estado mental distinto al cotidiano, más parecido al que tienes cuando construyes un puzzle que a la imagen romántica de las musas, la inspiración y ese tipo de fruslerías.

Partiendo de esa base, no es extraño que Inside contenga dentro de sí su proceso de creación. Este tipo de metalepsis no es ni mucho menos nueva, lo encontramos desde La Comedia Nueva de Fernandez de Moratín del siglo XVIII hasta la caja de madera que en su interior contiene el sonido de cómo se hizo esa caja de madera del Movimiento Fluxus del siglo XX. La metalepsis normalmente trata de autorreflexionar sobre el propio proceso creativo y sus medios de producción. En Inside, en cambio, es un recurso discursivo que enfatiza una idea principal totalmente ajena al medio: introducirnos en la psique del cómico Bo Burnham durante el confinamiento. La aparición del proceso de creación es una de la muchas formas en las que el autor nos da la oportunidad de entrar dentro de la obra y, en consecuencia, dentro de él.

Como he dicho al comienzo, Inside se desarrolla en una sola habitación y ésta también tiene una importancia simbólica dentro de la obra. En primer lugar, es importante saber que no es la residencia habitual de Burnham, sino su caseta de invitados. Lógicamente, lo primero que significa eso es que nosotros, como público, estamos invitados -que, aunque parezca intrascendente, estoy seguro de que fue pensado-. Lo segundo es que las residencias habituales, los hogares, guardan un trasfondo mucho más amplio del que se quiere mostrar en Inside. Dicho de otra forma, un hogar guarda traumas, recuerdos, fantasmas, ausencias, etcétera, y por ello utilizar un lugar ajeno al hogar es un acierto cuando se quiere mostrar algo íntimo pero sin abarcar la totalidad de la biografía, lo cual podría haber enturbiado el discurso principal. Asimismo, utilizar un lugar aislado del hogar, además de su componente práctico, permite tener cierta flexibilidad en la escenografía, algo que en Inside se aprovecha sorprendentemente bien con el uso de luces, proyecciones y composiciones, alejándose del amateurismo propio de las grabaciones caseras. No obstante, como adelantaba anteriormente, la función simbólica principal de la habitación es significar la mente del artista. De ese modo, se nos muestra una habitación ordenada y limpia en los momentos más lúcidos del autor, que son normalmente los números musicales y sketches -la obra en sí-, y una habitación desordenada y caótica en los momentos más oscuros, que son los momentos de autorreflexión y metalenguaje -el proceso creativo-. A pesar de que el contraste va haciéndose más difuso a lo largo de la cinta -algo lógico, por otra parte-, queda claro, gracias al montaje hiperfragmentado, que no existirían los momentos de lucidez sin los momentos de desasosiego, lo que ofrece una visión honesta del artista y nos permite empatizar, entrar dentro (Inside) de su obra y de él.

Lo tragicómico

La dicotomía entre orden y caos -entre lo apolíneo y lo dionisíaco, lo virtuoso y lo vicioso- es, esencialmente, la dicotomía entre lo cómico y lo trágico. La comedia está fundamentada en el orden, en el ingenio de reordenar las ideas y crear nuevos pensamientos. No hay comedia sin lucidez, control y cooperación. La tragedia está cimentada sobre el caos, en aquello que se escapa a nuestra capacidad de obrar. Es esa lucha -lucha eterna, en todo caso- la que se nos muestra en Inside: la comedia como guía y elemento de sanación frente a la tragedia de lo incontrolable (la pandemia, el aislamiento o la ansiedad). Durante toda la obra, el espectador se pregunta quién ganará la batalla: ¿Bo Burnham enloquecerá del todo? ¿Se dará por vencido? ¿Tendrá esto un final o terminará abruptamente? Y, más importante, ¿con qué sensación me dejará el final?

El final de Inside es genial porque estira esta incertidumbre hasta prácticamente el último fotograma. Igual que en una sinfonía romántica (veánse las de Beethoven o Mahler), donde el final se extiende en innumerables compases tensos e inciertos jugando continuamente con la necesidad de resolver la armonía en una consonancia agradable, en Inside se juega con las expectativas de que sean la comedia y la luz las que dominen a la tragedia y la oscuridad. Tras un clímax catártico, o catástasis, y una anábasis -salida de los infiernos-, Bo Burnham aparece en su habitación viendo su propia obra, lo que nos sugiere que no ha podido salir del infierno de su solitaria habitación de invitados. Sin embargo, al final sonríe, y es esa sonrisa la victoria de la comedia, de la parte ordenada y virtuosa y, definitivamente, de la esperanza y el futuro.

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