El gentilicio de Guadalajara: manual de uso

Vista del Palacio del Infantado que ilustra un artículo sobre gentilicios de Guadalajara

¿Cuál es el gentilicio más apropiado para alguien de Guadalajara? La pregunta a priori parece sencilla y, desde luego, tiene una respuesta rápida y simple en la que todos estaremos de acuerdo. La respuesta es: el gentilicio de Guadalajara es guadalajareño. Fácil, directo y que no genera ningún tipo de dudas. Esto para la provincia queda claro, pero para la ciudad tendemos a ponernos más exquisitos. A los guadalajareños, “guadalajareño” no nos termina de convencer: es una palabra demasiado larga, no nos seduce a nivel poético ni prosódico y, además, parece que no hace gala de nuestro pasado histórico y nuestra identidad. Y digo parece porque, en realidad, guadalajareño es el gentilicio que mejor ilustra el origen árabe de nuestra ciudad.

Lo de la identidad es importante. Decía Kenelm Oswald Lancelot Burridge (mejor conocido como K. Burridge) que el mito es la forma en la que los miembros de una cultura consiguen y clasifican información de su propia cultura, y el mito cultural más grande es el identitario. De ese modo, no es baladí que tratemos un poco cómo nos identificamos a nosotros mismos los guadalajareños, pues detrás de ello está el mito y tras éste, la verdad.

Los gentilicios de Guadalajara

Caracense

Caracense viene de Caraca, que era una ciudad de la provincia romana, luego visigoda, Tarraconense. Al parecer era una ciudad excavada en la roca que, durante la etapa final de la etnogénesis española (Siglo XVI), se relacionó con la ciudad de Guadalajara. Sin embargo, desde los años ochenta se comenzó a investigar un yacimiento en la localidad de Driebes que también casaba con la descripción de la ciudad. En 2017 se confirmó que la ciudad romana de Caraca se encontraba en el yacimiento arqueológico de Driebes, a cincuenta y siete kilómetros de la capital de provincia.

Entramos ya en polémica. Que Guadalajara fuese relacionada con Caraca sólo se entiende en un contexto de etnogénesis, es decir, cuando los Reyes Católicos buscaban crear una etnicidad española relacionada con el legado romano y visigodo y alejada del acervo musulmán. Este error se sostuvo en el tiempo por pura conveniencia. La pregunta sería: una vez hemos descubierto el error, ¿deberíamos seguir considerando caracense un gentilicio apropiado para las gentes de Guadalajara? Mi opinión, siendo yo no muy entusiasta de seguir tradiciones erróneas y teniendo en cuenta la gravedad del fallo, es que caracense es, a día de hoy, un gentilicio inapropiado.

Arriacense

Arriacense viene de Arriaca, un lugar -no se sabe qué era- que corresponde a la séptima parada del Itinerario Antonino A-25, y que, por pura geografía, debía estar en algún sitio cerca de Guadalajara. El nombre y el emplazamiento tienen presumiblemente procedencia carpetana -de los carpesios-. Las últimas investigaciones de Ildefonso Ramírez, que en 2019 publicó un libro sobre el tema, indican que Arriaca era una zona poblada pero dispersa, aunque otras investigaciones la califican como un mansio romano, esto es, un lugar donde pernoctar durante el camino -un albergue, una venta, algo así-.

Según el arqueólogo, Arriaca se encontraría en la Ciudad del Transporte, entre Marchamalo y Fontanar, en la orilla campiñera del henares, aunque aún se siguen haciendo investigaciones para constatarlo. De momento, el conflicto identitario por la pertenencia a Arriaca lo gana el municipio de Marchamalo, a cuyos habitantes habría que sumarles convenientemente el gentilicio de arriacense, junto a sus ya utilizados gallardo y marchamalero.

¿Es apropiado para la ciudad Guadalajara? Pues, en principio, sí, hasta que el conflicto identitario y las investigaciones sobre el emplazamiento nos den una respuesta definitiva. Entraríamos, como siempre, en cuestiones de identidad. Teniendo en cuenta que la ciudad árabe se emplazó en torno a lo que hoy es el casco histórico, y que esto no está especialmente cerca de donde se situaría Arriaca, no sería descabellado afirmar desde un punto de vista socio-histórico que estamos ante otro caso de purificación cultural católica en el que se promueve un pasado mítico hispánico, romano y cristiano en detrimento de uno árabe y musulmán. No obstante, las investigaciones arqueológicas nos sacarán de dudas.

Como curiosidad, indagando en los documentos históricos, el gentilicio se utiliza por los propios habitantes de Guadalajara desde principios del siglo XX -la primera publicación que he hallado ha sido la Diplomática Arriacense de Antonio Pareja Serrada de 1923-, que no la identificación con Arriaca, la cual viene de mucho antes.

Alcarreño

“Alcarreños, sois nobles y fieros que hacéis gala del temple español” canta el famoso himno del Club Deportivo Guadalajara. Alcarreño viene obviamente de la Alcarria, la comarca más famosa de nuestra provincia, con permiso del Señorío de Molina, de la Serranía y de la Campiña.

Si Alcarria ya es un nombre controvertido, pues no se tiene claro ni su origen ni su significado, «alcarreño» introduce un problemas más. La Alcarria es una comarca interprovincial que se extiende difusamente por el sur de Guadalajara y Madrid y el norte de Cuenca. Esto provoca que usar el gentilicio “alcarreño” para alguien de Guadalajara genere un problema de apropiación cultural. Por tanto, aunque hay quien aún lo usa así, es inadecuado utilizarlo como gentilicio de Guadalajara. En cambio, lo adecuado es utilizarlo si y sólo si nos referimos a alguien de la comarca de la Alcarria y queremos hacer hincapié en esta identidad comarcal.

Bola extra diabólica: castellano-manchego o manchego

Como el tema va de identidades y gentilicios, no está de más hablar de la aberración sociocultural que supone calificar a un guadalajareño como castellano-manchego o, peor aún, manchego. Partiendo de la base de que Castilla-La Mancha es un descarrío territorial tan desacertado como el que hicieron las naciones europeas en el Congreso de Berlín de 1878 con el continente africano, podemos decir, sin lugar a dudas, que ningún guadalajareño puede ser definido como castellano-manchego o manchego sin sentir, aunque sea por un momento, cierta desazón en su sentimiento de arraigo, tenga mucho o poco. El problema viene de que la sobrevisibilizada comarca de La Mancha no tiene ninguna relación con nuestra provincia, por lo que son términos que, si bien en contexto autonómico pueden tener su sentido -que no lo tienen tampoco-, desde el punto de vista identitario no generan ninguna simpatía.

Guadalajara es castellana y sus gentes castellanas. Sus árboles, sus plazas y sus atardeceres son castellanos. Su ruina, castellana. Sus ríos, sus riberas y las pozas escondidas en nuestros valles también son castellanas. Los camellones donde el trigo, la cebada, la colza y el maíz buscan el sol son castellanos, y las cuevas de Tamajón, la laguna de Taravilla o el Barranco del Río Dulce. Todos castellanos. Sus montañas, sus ovejitas bajo la niebla y sus fuentes con sus caños y su moho reseco, también castellanas. Todos los seres que ha parido Guadalajara son castellanos, todos menos los rayanos, que son rayanos.

La próxima vez que os identifiquéis utilizando un gentilicio de Guadalajara, podréis hacerlo con una visión algo más amplia de cada uno. Siempre nos quedará decir que somos ciudadanos del mundo.

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