Guadalajara no es muda: historia y actualidad de nuestra música

Tanta Internet y tanta historia pone a nuestra disposición toda la música del mundo, y, al admirar y echar la mirada sobre ese enorme océano musical, perdemos de vista nuestra propia orilla. Guadalajara no es muda, en nuestra ciudad hay muchas propuestas musicales con bastante interés que, desgraciadamente, pasan desapercibidas. Las razones podrían ser el totalitarismo y bombardeo de la Industria Cultural, la dispersión cultural de nuestra ciudad o la falta de una escena unida y comunitaria, la cual está tratando de crear la Asociación del Sector Musical de Guadalajara. Tal vez sea, también, la falta de espacios y oportunidades para los músicos locales, lo que hace difícil que estos se profesionalicen. O una mezcla de todo ello.

La “democratización de la música” -esto es: el acceso de los músicos a los medios de producción y difusión- ha generado una explosión de nuevas músicas, alejadas en muchos casos de los canales habituales, manipulados y masivos por los que la gente se entera de las cosas; y también ha brindado la oportunidad de que músicos sin recursos económicos puedan crear una oferta competitiva. Sin embargo, el impacto de las nuevas propuestas musicales está siendo atenuado por no servir a la Industria en su ánimo de lucro y también porque los medios de producción y difusión requieren una inversión y conocimiento al que no todo el mundo tiene acceso. Sea como fuere, y por no dar demasiado la brasa, mi intención en este artículo es mostrar qué propuestas musicales tenemos actualmente en Guadalajara y ver, de paso, de dónde venimos. Es decir, hacer una fotografía de nuestra música en este momento exacto, pero poniéndola en su debido contexto.

Historia reciente y contexto

Lejos quedan los tiempos en los que Los Planetas presentaron en nuestro extinto Auditorio Municipal el mejor disco de la historia del pop español: Una Semana en el Motor del Autobús. Eran finales de los años noventa y la música popular pasaba por una época oscura, pues los ayuntamientos y las salas, que otrora habían pagado millonadas a los músicos de la Movida, no tenían ni un duro para pagar a las nuevas promesas de la música española. El director de la revista Rockdelux, Santi Carrillo, decía en 1996:

extintos casi por completo los últimos grandes nombres de la movida madrileña […] tristemente no ha existido un recambio optimizante que trascienda más allá de unas pretensiones amateurs o caseras. Es cierto que hubo una ligera conmoción con la escena indie, pero, curiosamente, las propias aspiraciones –o limitaciones– de estos grupos parecen tan efímeras como caprichosas: unos años de rock’n’roll y después a ejercer de abogados, notarios o lo que les toque por tradición familiar. Y así no parece posible dar el salto”.

Este análisis de Carrillo no tuvo en cuenta que los grupos dejaban la música porque no se pagaba lo suficiente para poder profesionalizarse. Cae en la trampa, en la que muchos cayeron y siguen cayendo, de dar demasiado crédito a un movimiento como la Movida, que, más que ser un movimiento artístico, fue un movimiento político –que no social- alimentado y engrandecido por la ingente cantidad de dinero público y privado que se invirtió en él.

Un año antes de esa afirmación de Carrillo, en 1995, se realizaba la última edición del concurso GuadaPop, un concurso para bandas locales que dio a principios de los noventa cierta visibilidad a los grupos de la ciudad. Por él pasaron: Bebida Clandestina, Cuerpo Diplomático, Algo Razonable, Gatos Pardos, Atlántida o Preser y los Wativos, entre muchos otros. Grupos que grababan sus maquetas y discos en casa con un multipista o en estudios de grabación no tan preparados y sencillos como los actuales. En aquel momento, o eras “indie” o no existías, pues sólo un número ínfimo de privilegiados -aquellos amparados por la Industria- podían permitirse un disco con un sonido en condiciones y el aparecer ad nauseam en las radios generalistas. No obstante, muchos de estos grupos locales, aún con su sonido chicharrero, no tenían nada que envidiar musicalmente a los grupos que se escuchaban habitualmente en las casas.

En aquella presentación de Los Planetas, que fue en el Festival Panal Rock que organizaba Radio Arrebato, dos grupos guadalajareños se hicieron hueco en el cartel: Killing Sue y Los Notas, que presentaban su disco El Golpe. Dos grupos de Rock independiente que no sobresalían por encima de sus coetáneos y que vaticinaban el futuro de lo que iba a ser la música en Guadalajara en los años 2000: maquetas, grabaciones caseras, chicharreo y un sálvese quien pueda. Los tiempos para la música del nuevo milenio, por tanto, comenzaron con los problemas de los noventa: falta de profesionalización y de inversión pública y privada.

Entre los primeros grupos del milenio podemos citar a: Urbana 13, Fancine, Luna Negra, La Cochinera, Fe en las Cenizas o Tifón. Los 2000 fueron musicalmente continuistas: hard rock, punk y pop-rock seguían siendo los estilos más practicados por los músicos de la época. Esta realidad no se diferenciaba del resto de ciudades españolas, pues, como en todas, estas músicas eran las que soportaban el peso de la industria musical, llenando los garitos, las salas y las fiestas de los pueblos de música original.

Fue en esta época, a principios de los 2000, cuando se fundaron dos grupos importantes para la escena alcarreña: Despistaos y Dr. Sapo. En el caso de Despistaos, sus primeros discos no se alejan demasiado ni en calidad ni en estilo al resto de grupos de las escena alcarreña. No fue hasta su tercer disco y, sobre todo, a su aparición en la serie de televisión Física o Química (en 2007) cuando cosecharon bastante éxito en el panorama nacional. Su música encajaba muy bien dentro del pop-rock de principios del 2000 de grupos como El Canto del Loco o Pignoise, que no dejaban de ser un sound-alike del fenómeno del Pop Punk americano y que sirvieron, junto a las series de televisión, para crear una generación de adolescentes desactivados políticamente, oscurillos e hipersexualizados.

Dr. Sapo fue el nombre que el cantautor Miguel de Lucas, o Miguel 1,2,3, le dio a su proyecto. Ya se encuentran maquetas suyas a finales de 2001 en las cuales se aprecia notablemente la influencia del rock español, especialmente en su canto, que ha ido desarrollando hasta adquirir una gran personalidad. Su primer disco, Al Tran Tran (2004), tuvo el suficiente éxito para que su nombre tuviera cierta repercusión en el panorama nacional, aunque nunca llegó a estar en primera línea. A partir de 2009, se independizó de la Industria y su producción se ha centrado en el rock tierno, la música para niños y el buen rollo.

Durante toda esta década y parte de la siguiente tuvimos en Guadalajara el conocido Denominación de Origen: Guadalajara (o DOG), un concurso de bandas locales en las que participaron numerosos grupos de la ciudad con el premio de tocar de teloneros para un grupo de renombre. El premio era bastante mediocre y el concurso siempre se consideró una pantomima, especialmente en sus últimos años, pero por él pasaron buenos grupos guadalajareños de rock, punk y fusión como: Sex Max, Thomb, los míticos The Swedish Cocks o Durgamata.

En 2008, el panorama musical en España cambió con el éxito del disco Un Día en el Mundo de Vetusta Morla. El cambio no se trató de que el BritPop sustituyera al Rock como género predilecto, y tampoco consistió en que los músicos se estuvieran independizando de la Industria -la mayoría de músicos eran ya independientes-; el cambio era que la gente comenzaba a buscar y encontrar música a través de Internet, es decir, que los canales habituales estaban perdiendo algo de fuerza e Internet aún era un espacio de libre competición y no instrumentalizado. En Guadalajara vivimos este cambio de forma progresiva a través del Festival Panorámico, un festival con cierta predilección por la música alternativa que se hizo desde el año 2000 hasta 2014 y en el que participaban numerosos bares, salas e instituciones de la ciudad. Aunque por este festival pasaron músicos de renombre como Antonio Vega -en su ocaso- o Iván Ferreiro -cuando era un mindundi tras la separación de Los Piratas- y grupos locales con cierto calado como El Rey Lagarto, lo cierto es que no fue hasta 2008 cuando el cartel comenzó a llenarse de la nueva sangre de la escena indie española. En ese año, unos semidesconocidos Vetusta Morla presentaron su primer disco en la Sala Óxido, la cual fue inaugurada tres años antes, en 2005. También pasaron por el cartel: Russian Red, Lisandro Aristimuño, Anni B Sweet, Templeton y Havalina. En los años posteriores, esta deriva continuaría con las actuaciones de Maga, Christina Rosenvinge, Fernando Alfaro (que ya había estado en el Panal Rock del 95 tras separarse de Surfin’ Bichos), Triángulo de Amor Bizarro o Corizonas, entre muchos otros.

El “movimiento indie” encontraría posteriormente en Guadalajara también alguna representación. Ejemplos de ello son: Idealipsticks, Munchausen, Tourmalet, Complejo de Electra, Yo, Estratosférico o The Viriats, grupos que encontraron su sitio dentro del nuevo público que el “indie” atraía, pero que realmente nunca se suscribieron activamente a este movimiento.

En los años 10 del nuevo mileno perdimos en Guadalajara dos lugares importantes para la música: la Sala Boomerang y el Bar Ke Kaña, espacios musicales que aún no han sido reemplazados y dejaron un enorme vacío musical en nuestra ciudad. En 2011, como punto semipositivo, se inauguró el Espacio Tyce, con salas de ensayo no especialmente bien equipadas y una sala de conciertos que siempre ha sido una ruina, por su sonido y por lo poco que atrae al público. En esta segunda década marcada por la crisis económica, el auge de los festivales musicales de consumo, los servicios de streaming y las redes sociales, cuando parecía que la brecha entre grupos “pequeños” y grupos “grandes” iba a disiparse, la realidad fue que la brecha se agravó más. La capitalización de Internet hizo que la libre competencia que había en los primeros años del milenio se convirtiese en un sistema manipulado en el que los grupos pequeños no podían visibilizarse. Las nuevas formas de consumo de música -streaming y festivales- también agrandaron la brecha al hacer que los grupos pequeños no pudieran sacar rédito económico de sus creaciones, de sus conciertos ni de la venta de discos. Todo ello ha supuesto, ya en nuestros días, una precariedad tan absoluta que incluso músicos profesionalizados y con visibilidad mediática han de hacer verdaderos malabarismos para vivir de la música. Y en Guadalajara, donde el sector musical ha sido hereditariamente pobre -como hemos visto-, esto se da con excesiva gravedad. Por suerte, durante esta última década ha habido algunos espacios para los músicos locales que, aunque en algunos casos podrían estar mejor planteados, han ayudado a la visibilización de sus propuestas. Ejemplos de estos espacios han sido: Las Noches 00%, el Festival Gigante, los veranos culturales del ayuntamiento y la Sala Óxido, además de las propuestas más comedidas de los bares de la ciudad, especialmente las del Café Teatro Monkey Man, el bar Arcadia, el Irlandés Errante, el Restaurante Botánico o el Camerino Café.

Como hecho curioso, durante los años 10, una de las pocas formas de sobrevivir con la música en Guadalajara han sido las orquestas de verbena. Esto, en realidad, plantea un gran problema para la escena por dos razones. La primera y principal es que los contratos a los músicos dentro de las orquestas de nuestra zona son abusivos: no se pagan las horas de ensayo, el pago por concierto es paupérrimo y, además, las empresas no se hacen cargo de los locales de ensayo ni el mantenimiento de los instrumentos. A esto se suma, y esto afecta a todos los músicos, el trapicheo de las promotoras y los ayuntamientos, que hacen que el dinero llegue meses después o, en algunos casos, nunca -y ponte tú a litigar-. Mientras en décadas anteriores, un músico de orquesta podía vivir relativamente cómodo con un verano de conciertos, ahora ha de pluriemplearse y tomarse este trabajo -que no es poco- como un sobresueldo. El segundo problema es que las orquestas de verbena promueven un consumo conservador de la música, es decir, el público se acostumbra a escuchar música que ya ha escuchado cientos de veces, atrofiando la escucha activa y haciendo incluso más difícil que nuevas músicas puedan hacerse un hueco en el oído del público. Más difícil todavía si tenemos en cuenta que los ayuntamientos ya no apuestan por nueva música para sus fiestas, prefiriendo contratar una Discomóvil (que es un invento del demonio) o una orquesta que tiene a sus músicos en una situación precaria y que, por si fuera poco, les obliga a interpretar el “Livin’ On a Prayer” de Bon Jovi.

En este contexto y con esta historia detrás, los músicos que hoy forman nuestra escena musical se merecen mucho cariño y nuestro apoyo incondicional. Por ello, os voy a compartir algunas de sus propuestas musicales [Disclaimer: alguno habrá que no incluya, pero no descarto una segunda parte para este artículo. Dejo fuera, conscientemente, los grupos de versiones, los tributos y las orquestas de pueblo, pues la intención es mostrar nueva música].

La música de Guadalajara hoy:

Eva Ryjlen (Pop)

Volvoreta (Rock)

The Sweet River Band (Folk-rock)

The Veroñas (Punk Rock)

Yo, Estratosférico (Indie Pop)

Jony Arcada (Hip Hop)

Gamma (Hip Hop)

Colectivo Shumareli (Urbana Fusión)

The Viriats (Rock Alternativo)

Neumático Cheinwz (Rock Alternativo)

Max Meraki (Power Rock)

Alice Cream (Rock)

Marta Movidas (Bedroom Pop)

Tourmalet (Shoegaze)

We Are Tragedy (Metalcore)

Ángel Lozano (Canción de autor)

Javier Matía (Canción de autor)

Sekuelas (Punk)

Abel de Pedro y los Nuevos Borbones (Rock)

Shock (Hard Rock)

Callahan (Pop Punk)

Fatídico Bisonte (Punk Rock)

La Venganza de lxs Hermanxs Cabanillas (Punk)

Fauno (Rock)

Grand Vermouth (Rock)

Microfilme (Twee Pop)

 

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