Última Jornada del Ferial21: una despedida para todos los gustos

Se nos termina el festival Ferial21 en un fin de semana lleno de música para todos los gustos: desde el pijerío de Marlon hasta el realismo socialista de Los Chikos del Maíz. Por ello, es momento de agradecer a los organizadores, la Sala Óxido y Sideral Music, por haberse atrevido a montar todo este tinglado y haber llenado mayo de conciertos y cultura segura. También, lógicamente, por haber invitado a Dáteme Cultura a formar parte de ello al abrirnos las puertas de su festival y dejar que nuestra pluma diseccionara cada concierto del festival. A modo personal, debo decir que ha sido muy gratificante y agradable el asistir a todos los conciertos. En primer lugar, por haber disfrutado o padecido propuestas musicales y directos a los que motu proprío no hubiese asistido jamás, y descubrir en el proceso mucha música interesante. En segundo lugar, por lo simpática que ha sido la organización conmigo, desde el guardia de seguridad de la puerta hasta los propios organizadores. A pesar de que la suerte haya jugado en contra del festival -la dureza del confinamiento previo al festival, las condiciones atmosféricas y las contraprogramaciones han pasado factura a la taquilla- y que eso quizás haya mermado las ganas de montar una edición el próximo año, o a mí me las habría mermado; espero que haya una edición Ferial22, aunque sea en otro formato, con más presencia femenina en el escenario y, tal vez, con más compromiso con la escena musical guadalajareña, que necesita cariños. Sea como fuere, os cuento este último fin de semana.

A diferencia de pasadas jornadas, ésta comenzó el viernes por la tarde con el concierto del grupo asturiano Marlon, que había sido pospuesto a estas fechas semanas atrás. Aunque estaba sobre aviso, lo que me encontré me horrorizó de todas formas. He pensado algunas analogías para la ocasión: Marlon es como si a Pignoise se lo hubiese comido Inés Arrimadas, Marlon es una camiseta de los Rolling del Stradivarius o Marlon es Dalas Review en una manifestación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, algo que, en esencia, es inquietante y siniestro -de un modo freudiano-. Rock para pijas de toda la vida, pero sin llegar a tener la gracia de los Hombres G ni la presencia de El Canto del Loco, quedándose en un producto insípido al que sólo le quedaba la pose. Por otro lado, echarle la culpa a los músicos sería mezquino, pues entiendo que son guiados hacia al abismo por unos ejecutivos que llevan toda la vida pastando dinero desde Cadena Dial y Los 40 Principales. Aún así, de tanto querer empatizar, me sentí engañado. Engañado por una propuesta que no es sincera, por una música que estaba procesada en exceso, si no directamente secuenciada, y porque ni siquiera tengo claro que ellos mismos sean plenamente conscientes de lo perverso de su discurso. Y sí, el discurso es perverso: amor tóxico, rebeldía acrítica y posada, y sexualidad absurda; el discurso del rock para pijos de siempre pero en la generación más formada afectiva y socialmente de la historia, lo que lo hace más sangrante. En fin, no me gustó, como se puede comprobar. Como punto positivo, el guitarrista, Maradona, parecía tocar bastante bien.

El sábado por la mañana llegó el turno de Rock en Familia: Queenmanía. Como dije en la primera crónica, los conciertos para público infantil me gustan bastante siempre que no traten a los críos como idiotas, y creo que Rock en Familia lo consigue. En esta ocasión, quizás porque Queen da más vidilla o porque no eran dos conciertos en uno, la interacción con el público -algo importante en un concierto de este tipo- estuvo divertida y llamó la atención de los pequeños, que gritaron y cantaron con energía. La interpretación de Queen fue bastante aceptable, siendo Queen inimitable. Se notó que Queenmanía no era un tributo de Queen al uso, sino que forma parte de un set más amplio de versiones, pero aún así llegaban a un nivel bastante alto, un nivel al que una orquesta de pueblo, por poner un ejemplo, no podría llegar. La guitarra de Brian May fue perfecta (sin ser la Red Special) y la voz de Mercury daba el pego, sin llegar a ser el típico imitador. Y es que la voz de Mercury es difícil de cubrir: tiene un vibrato imposible de imitar, un uso de los subarmónicos bastante inusual y además una tesitura muy amplia. No obstante, los gestos, la actitud y la vestimenta (con la chupa amarilla bajo un sol atroz) acercaron bastante al cantante a la figura del mítico líder de Queen. Un concierto divertido que me ha hecho seguir de cerca a este grupo de tributos de rock para toda la familia.

Por la tarde llegó el turno de uno de los músicos más grandes de la historia de España: Kiko Veneno. No sé ni qué decir de un tío que en el 79 le compuso a Camarón algunas canciones de La Leyenda del Tiempo, entre ellas la que se considera el himno de la “transición” “democrática”: “Volando voy”. Simplemente me senté allí y disfruté. Su propuesta fue de pequeño formato, es decir, acompañado sólo por un guitarrista. A pesar del personaje, fue un concierto senior, tranquilo, soso en algunas ocasiones, pero con el que se sintonizaba muy bien, fijándose en las letras y las interesantes armonías y ritmos que hacían las guitarras. Además de las míticas canciones de su carrera, las conocidas por todos, me impresionaron especialmente “Lobo López” y “Dice la gente”, canciones que yo personalmente no conocía. En definitiva, un concierto interesante al que le faltó algo de “marcha”, aunque se entiende porque el hombre y su público ya tienen cierta edad.

Durante la mañana del domingo no pude asistir al concierto de Shinova, pues estuve en el micro abierto organizado por la Asociación del Sector Musical de Guadalajara, que se hace cada mes y al que os animamos a asistir como público o intérpretes. No obstante, nuestra compañera Sandra Herranz cogió el relevo:

Sandra Herranz:
El sábado por la mañana tocaron los chicos de Shinova y salieron al escenario recordando que ellos venían de Bérriz y que, en País Vasco, el verano era una tarde calurosa de cualquier martes despistado. El sol de justicia que suele presentarse en tierras alcarreñas nos hizo pagar a justos por pecadores y, aunque ellos lo aguantaron muy bien, mis hombros no han podido decir lo mismo.

Con Shinova recordé esa sensación de estar en un festival, no sé si es porque siempre los he visto en este formato o por el ambiente en general. Su música gustó y animó a un público que, si bien es cierto que disfrutó, hacia el final olvidó que no estábamos en un festival, por más que quisiéramos, y muchos fueron un verdadero dolor de cabeza para las acomodadoras y el resto del público. Eché de menos un poco de ritmo en el concierto, aunque me quedo con la cercanía que proporciona este formato, la banda escuchaba cada reclamo del público, entablando una conversación que, de otra manera, hubiera sido imposible.

Luis Felipe Camacho:
Para terminar el fin de semana, que no el festival, tuvimos a los raperos Los Chikos del Maíz, un concierto en el que tuve sensaciones encontradas. Por un lado, la silueta de un Kaláshnikov en luces de neón que adornaba la mesa del Dj Plan B me pareció una cosa horripilante y espantosa, una romantización de la Guerra y su sufrimiento, y una frivolidad burguesa que hace gala de los privilegios occidentales. Si a ello le sumamos la estética estilizada del realismo socialista de la cartelería y otras cuestiones más sutiles en las que no voy a entrar tenemos algo digno de las peores pesadillas de Slavoj Žižek. Desde luego, la propuesta estética y discursiva de Los Chikos del Maíz estaba más cerca de la Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) que de la Asociación para la Música Contemporánea (ASM) y las ideas musicales y revolucionarias de Nikolay Roslavets, algo que, como musicólogo materialista, me dejó un poco intranquilo, teniendo en cuenta que iba a ver una banda manifiestamente marxista del siglo XXI. No obstante, esto son consideraciones sutiles para una izquierda que a veces se me antoja demasiado conservadora, especialmente en el plano musical. Por otro lado, sin tener estas consideraciones en cuenta, como rap estaba bien. Algunas bases, aunque estaban a todo trapo, tenían cierta gracia, y las letras, a pesar de ser en ocasiones algo infantiles, me parecieron bastante interesantes, simpatizando muchas veces con su contenido. Me hizo reflexionar, si me permitís ponerme algo humanista, sobre los modos de enfrentarse a la hegemonía, algo sobre lo que en su momento escribieron Gramsci y Lenin. En este caso, la pregunta sería: ¿utilizar los medios burgueses para compartir y consumir discursos antiburgueses es óptimo? ¿No generará, al ser los medios parte del mensaje, un efecto contrario al deseado? ¿Mi relación actual con los Chikos del Maíz está siendo colectiva o capitalista? Si es, como parece, capitalista, ¿qué clase de relación están fomentando en último término? Contradicciones inherentes al medio y a los tiempos, obviamente, pero con cierto interés para preguntarnos, ante este tipo de discursos musicales, qué relaciones, discursos, medios y lenguajes estamos fomentando a través de la música y su consumo. El ritual del concierto, además del disfrute y el ocio, también genera este tipo de consideraciones, como veis.

Esta tarde, como fin de fiesta fortuito y afortunado, tenemos el concierto de Andrés Suárez, el cual tuvo que posponerse debido a la tormenta que cayó el pasado fin de semana. Os animamos a que aprovechéis la última oportunidad de asistir al Ferial21. Para nosotros ha sido una maravilla asistir a todos los conciertos y el contároslo a nuestra manera. Damos las gracias a los organizadores y a todo el equipo que ha habido tras el festival por el currazo que se han pegado y esperamos que podamos vernos en condiciones más propicias, de pie, bailando, bebiendo y retozando como cochinos y cochinas al sol la próxima primavera.

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